Seguimos sintiendo que el dolor viene de fuera.

Recuerdos, tan efímeros e intensos que no nos dejan espacio para nuevas sensaciones. Sin embargo no los cambio, y rezo por que nadie los borre.  Volver a ver cada reflejo que evitó la claridad.

Sufrir, como con cada incertidumbre que se convirtió en ataque sin previo aviso. Y fue entonces cuando se nos empañó la mirada y no vimos nada más que a nosotros mismos, perdidos ante la adversidad. Seguimos sintiendo que el dolor viene de fuera. Y es que este no parar de temblar no es más que el lento fluir del frío por las venas. Como cuando una gota salpica sobre su propio océano. Como si nos hubiésemos golpeado dañando lo que más queremos.

Recuerdo haber estado más tranquila, recuerdo respirar más lento. La mirada no me acoge con ternura, y mis labios están secos cual rosa marchita. ¿Qué cambió? ¿Qué nos cambió?

Quizás sea el impacto del latir sobre la piel. Tan desgarrador que parece combatir contra lo físico. Como si fuese capaz de escapar, como si la lluvia no lo hubiera ahogado anteriormente.

Este latir desenfrenado no va a acabar con la tristeza de una mente herida por palabras que, por débiles que suenen, acaban siendo ruido que se adentra en los pulmones y no sale. Y comienzan así el esfuerzo por aguantar, por no agotarse y renunciar.

Inevitablemente nos aislarnos tras el miedo a no encontrar hogar. Tan irónico como triste. Como si la tenue luz de la luna se fundiera con la noche por temor a que el Sol realmente quemara.

Porque evitar no es una de nuestras grandes habilidades, y las lágrimas inundaron de culpa a nuestros ojos en más de una ocasión. Si supiésemos reaccionar, si se pudiese aprender con tanta facilidad como una melodía se hace dueña de nuestros sentidos, dejando fluir las notas entre nuestras neuronas. Y que, por débil que suene, nunca nos es indiferente.

Pero esto no es así, es como todo aquello a lo que alguna vez no encontramos solución y aparcamos esperando que otro lo hiciera. Ahí seguía, aún está. Y sin esfuerzos ni ganas, continúa su trayecto por recoger las moléculas de olvido que caen cual polvo tras una leve ráfaga de aire. Juramos intentarlo y, mira, dejamos a medias los proyectos improvisados. Debe ser cierto, reservamos momentos para ser olvidados dejando que las telarañas los tapen para así no culparnos más.

Juramos no volver a menospreciarnos, no volver a hacer doler este corazón que se cansa con los años mientras nos olvidamos que, cada pestañeo, nos robó parte de vida. Porque todo aquí se agota y no nos damos cuenta.  O sí.  Pero nos parece tan real, tan usual, que olvidamos la importancia de la prisa por un sueño.

Verlo todo tan pequeño como cada segundo que escapó de en cada una de nuestras expiraciones. Sin embargo aquí estoy yo, intentando regresar, pidiendo a gritos que vuelvan, que vuelvas tú. Pero volver nunca fue fácil, y menos rápido. 

"Y es que, por injusto que parezca, en tu vida conocerás sólo dos tipos de personas. Las que algún día echarás de menos. Y todas las demás."
Risto Mejide. (via some1-like-youu)
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Ser infiel a mis preocupaciones (sólo de vez en cuando).

Ser infiel a mis preocupaciones (sólo de vez en cuando).

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Hipotécame estos silencios, que cada vez cuestan más.

Hipotécame estos silencios, que cada vez cuestan más.

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¿Cómo salvarme de mí misma?

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"Y será entonces, cuando alguien llegará y te cambiará."
"¿Por qué ahora?"
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¿Quién cura los ‘te quiero’ engañados por la sinrazón en la madrugada?

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HB

"When you loose hope, you’re loosing something more."
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